Capcom vuelve al maravilloso mundo de Dragon’s Dogma 2, como ya hiciera con la primera entrega, para ofrecernos una expansión que mantiene, y en algunos casos mejora, la calidad vista en el juego base. Viajamos a los inhóspitos páramos helados de Norgan en Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen.
Anteriormente en Dragon’s Dogma 2
Para todos aquellos que todavía no estén familiarizados con el fascinante mundo ideado por Hideaki Itsuno, conviene hacer un breve repaso por los puntos clave del juego base.
Dragon’s Dogma 2 está ambientado en un mundo de fantasía medieval, plagado de criaturas mitológicas que van desde minotauros, hipogrifos o cíclopes hasta los majestuosos e imponentes dragones del título. En este universo, nosotros encarnamos al Arisen, un ser único en su especie, del que sólo aparece uno en cada era, cuyo destino está intrínsecamente unido al del dragón rojo, artífice de caos y calamidades.
La historia principal se desarrolla a lo largo y ancho del mundo abierto que nos propone el juego en una trama política de reinados, sucesiones y ambición mientras buscamos respuestas a nuestro propio propósito como Arisen.
Como buen RPG, subiremos de nivel, elegiremos vocación – las conocidas clases de este tipo de títulos – y ganaremos habilidades y equipamiento según avanzamos en nuestra empresa.
El punto diferenciador está en los peones. Estos personajes manejados por el sistema serán nuestros fieles compañeros en todo momento de la aventura. Nosotros crearemos uno con las características que consideremos y será quién estará a nuestro lado en todo momento, subiendo de nivel y pudiendo tomar decisiones como cambios de vocación o equipamiento durante su desarrollo.
Por otro lado, estarán los otros dos espacios en nuestro equipo, también para peones pero de otros jugadores, pudiendo contratarlos y ayudando a ajustar nuestro grupo a las necesidades de las misiones y zonas en las que nos encontramos en ese momento. Tienen restricciones, como no subir de nivel, lo que hará que sean puestos rotatorios, decidiendo quien sustituye a los anteriores en los nuevos pasos que nos toque dar.
Es un sistema original, uno de los elementos más aplaudidos de la primera entrega, que funciona francamente bien y que aporta mucha variedad al título sin convertirse en una gestión tediosa.

El Dogma del Dragón, año 2026
Conviene hacer una parada previa a la expansión para comentar los cambios que se han producido en Dragon’s Dogma 2 desde su lanzamiento.
Si sois recién llegados, estas mejoras y novedades ya estarán directamente implementadas en Dark Arisen. Sin embargo, si os sumergisteis en el juego en su lanzamiento hace dos años, notaréis algunos cambios importantes diseñados para mejorar la calidad de vida del jugador y pulir algunas de las aristas que servían para catalogar al juego de obtuso, no sin cierta razón.
Una piedra de teletransporte eterna, en vez de consumible y su poca cantidad en el juego, pilares para esa teleportación en los puntos más importantes del mapa, nuevas ranuras de guardado, poción para curar la maquiavélica peste dracónida, ajustes para cada vocación… Un buen puñado de novedades a descubrir y ajustes para suavizar la experiencia de juego sin resultar en una pérdida de su ADN.
Os recomendamos echar un vistazo en el blog oficial para haceros una verdadera idea de la cantidad de trabajo detrás del juego pre-expansión: https://www.dragonsdogma.com/2/es-es/topics/update/

Ritos y mucho, mucho frío
Ahora sí, nos sumergimos de lleno en Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen. Lo primero que hay que saber sobre la expansión es que trae dos grandes contenidos y que, para acceder a ellos, tiene que ser antes de llegar al punto de no retorno de la aventura base o comenzar un Nuevo Juego + y avanzar hasta llegar a Vernworth y hablar con el Capitán Brant en la taberna, alrededor de una hora de juego.
Esto nos dará acceso a los Ritos Perdidos, cuyo nivel recomendado para comenzar es 20, y a la región de Norgan, que se aconseja visitar a partir del nivel 40.
Los Ritos Perdidos son una serie de pruebas repartidas por el mapa original del juego, planteándonos desafíos con versiones más poderosas de los enemigos ya existentes – llamados corrompidos – con el objetivo de obtener equipamiento con unas stats muy superiores al juego base y las llamadas Llama de Ofrenda, importantes cuando llegamos a la nueva región.
Aunque el nivel recomendado pueda hacer pensar que se pueden superar antes de partir hacía el norte, la realidad es que los Ritos están pensados para jugadores avanzados en su aventura y su equipo, ya que las diferentes mazmorras nos plantearán complejos laberintos que pondrán a prueba nuestra resistencia y gestión para llegar victoriosos al final, numerosas hordas de enemigos o poderosas criaturas más peligrosas debido a la corrupción. Eso cuando no ocurre todo al mismo tiempo.
En mi partida, sólo llegué a superar con éxito tres de estos Ritos – de un total de 12, con tres de ellos solo disponibles tras el punto de no retorno – sin pasar por Norgan para mejorar a mi personaje.
Pero que esto no os haga pensar que la región norteña va a ser un paseo. Tras un sueño de nuestro personaje en el que ve como todo se sume en ruinas y caos, su camino le lleva a Norgan siguiendo el rumor del surgimiento de otro Arisen. No pasará mucho hasta toparnos con el Dragón Exánime, un poderoso enemigo inmortal, y Eir, una misteriosa mujer que parece tener su camino entrelazado con el de la criatura.
Durante alrededor de 25 horas, la historia de la región, sus costumbres y estos misteriosos personajes se irá desarrollando en una trama mejor narrada y cohesionada que la del juego base, que ahonda en el propio lore de la franquicia y los sistemas establecidos en su universo, mientras nos invita a recorrer este páramo helado lleno de peligros y desafíos que superar.
Precisamente estos recorridos serán lo que nos mantenga enganchados más allá de la duración de la aventura, ya que lejos de ser un contenido continuista con lo establecido en el juego base, Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen nos propone varios cambios en su estructura jugable.

Loot, loot everywhere
El más importante de todos es la progresión de nuestro personaje, que seguirá subiendo de nivel – y mucho, las cantidades de EXP ganada por combate resultan un salto brutal en comparación con la adquirida en Vermund o Battahl – pero dependerá mucho del equipo que vayamos encontrando y adquiriendo tras cada enfrentamiento.
Con un sistema de botines, que deberemos tasar para saber realmente que contienen, la expansión nos trae un sistema de gestión de equipo mucho más amplio y, a su vez, adictivo que hará que cada una de nuestras incursiones fuera de lugar seguro nos haga volver con una cantidad de ítems en nuestro inventario listos para analizar y comparar.
Se une a ello el sistema de dotes, que sustituye a las mejoras de equipo previas, y que añade diferentes efectos y características a cada una de las nuevas piezas que tasemos, desde mejora de atributos hasta potenciación de habilidades concretas.

También entran en juego los Obeliscos de la Bendición, unas estatuas repartidas por la región en las que podremos hacer uso de las anteriormente mencionadas Llama de Ofrenda, permitiéndonos obtener nuevos ataques para cada una de las vocaciones y mejoras de atributos permanentes para nuestro personaje y peón principal.
Adquiere mucho más peso el viaje rápido, gracias a la piedra transportadora eterna y una buena cantidad de pilares de teleportación repartidos por los lugares clave de Norgan, lo que disminuye en parte la preparación que se pedía al jugador antes de cada salida al mundo abierto.
Aun así, el juego no rebaja su exigencia, y lo que suple con los viajes rápidos, lo compensa con enemigos más fuertes a lo largo de nuestro recorrido, nuevos rivales incluidos como los beorcanes, los huargos o nuevas criaturas colosales, como una especie de Yeti, y con unas venticas ocasionales que harán que no veamos más allá de nuestros pies, bloqueando incluso el minimapa o la capacidad de teletransportarnos. Aquí no se regala nada.
Todos estos añadidos y cambios frente a la fórmula original de 2024 hacen que Dark Arisen sea una experiencia nueva y plagada de personalidad, a la vez que conserva las virtudes que hacen de este título hago tan especial y único.

Una expansión como manda el Dogma
Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen se convierte por méritos propios en una parada obligada tanto para aquellos Arisen que ya se alzaron hace un par de años como para los recién llegados que quieran disfrutar de un juego de acción RPG marcado por mecánicas alejadas de lo habitual y un mundo abierto que siempre invita a hacer una incursión más.
Enfréntate al destino en GAME y hazte con el juego en PlayStation 5, Xbox Series X o PC.








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