Cuántas veces se ha comparado el sano vicio videojueguil con… sin andarse con sutilezas, el consumo de sustancias (¿Se puede decir en un blog familiar la palabra «dr0g4»? Probemos, a ver si pasa el filtro). Por supuesto, no tienen relación alguna y es un intento de equiparación absurdo y desproporcionado… Pero qué carajo, de vez en cuando, aparece un título que te engancha, que te obsesiona, que te hace decir «echo una partidita corta más, que daño no me hará». Solo piensas en ese juego… Abusas de él. Porque estás MUY enganchado. ¿Es sano? Corcho, en casos como este Ball X Pit, y todo lo que aporta, tiene que serlo.

Perdona, Elsa, pero no eres la princesa que buscaba en este castillo…
Fuera bromas chungas sobre la adicción que podemos desarrollar ciertas personas con obras puntuales (o cualquier cosa de la vida, como la pizza. Sin piña), el juego creado por Kenny Sun y publicado por Devolver Digital, es un título que merece un concienzudo análisis, dado el tremendo enganchazo que nos puede causar. Porque la gente suele mirar por encima de los juegos indies y pensar que jamás le podrían atrapar como el último Medal of Duty in the Field of Battle. Craso error. Acompañadnos en este puñado de párrafos… La cosa tiene pelotas. Muchas.
The rivers (and the pit) of Ballbylon…
Nah, no nos vamos a poner a canturrear el temazo de Boney M. para entrar en la faena narrativa de este juego… Pero, seamos realistas, la premisa argumental aquí es tan liviana como la letra de un himno discotequero. Además, el lugar donde sucede todo se llama casi casi igual que la metrópoli mesopotámica de la canción, va. Oh, eso sí, antes de enterarnos de la «historia» del juego, podemos toquetear en el menú de opciones multitud de configuraciones. Encontraremos filtros de pantalla para dar y tomar, con los que adaptar la imagen al gusto de nuestras retinas (fans del retro, preparad vuestros ojos para imágenes CRT con más curvatura que la velocidad de la Enterprise, si gustáis).

«¿Quieres ver una serpiente gigantesca? Pues ven a mi casa y te la enseño… En el Ball X Pit, malpensao»
Bolabilonia ha caído. Pero no ha sido conquistada desde el río Eúfrates por los persas (¿iría un príncipe saltarín?) como en nuestra realidad. Lo que le ha caído encima, literalmente, es un asteroide espacial que ha dejado en estas tierras «bolabilónicas» -me dejará de hacer gracia escribirlo en algún momento- de fantasía un boquete de tamaño descomunal. Un foso en el que varios cazatesoros se arriesgarán a explorar en busca de riquezas… Y ya. Esta sería la premisa histórica, contada en una breve secuencia, de Ball X Pit. Su nombre no podría ser más auto-descriptivo: Fosa (pit) y…
BOLA. O MEJOR, UN PAR -de cientos- DE PODEROSAS BOLAS
«Arcade rogue-like de destruir ladrillos» sería una frase para intentar resumir la jugabilidad de este título… Pero se quedaría extremadamente corta. La parte «arcade» es simple de explicar: partidas cortas, con sencillez total en el esquema de control, para que usuarios de cualquier nivel puedan jugar y divertirse. El manejo del personaje que escojamos se realiza de manera muy intuitiva, con una seta para desplazarlo por la pantalla, la otra para apuntar, un botón para disparar (que se puede configurar en «automático», y así no cansarnos pulsando), nada más. Y ojo, todo en vista cenital tipo «2D», sin giros de cámara ni milongas complejas, retro total para más accesibilidad.

IronMan medieval. Musquesero. Rezzio Auditore. Los del cuadro. Aristróqueles. El Vendas… No soy yo nadie poniendo nombres
El héroe seleccionado irá lanzando bolas, desde la parte de abajo de la pantalla hacia arriba en línea recta. ¿El objetivo? Romper las «paredes de ladrillos», formadas por conjuntos de enemigos, que irán surgiendo del fondo del escenario y descendiendo. Si llegan al final, o nos acercamos demasiado, nos arrearán sendos leñazos -también arrojarán proyectiles- hasta agotar nuestra barra de vida. Imaginad, es como si los bloques del clásico Arkanoid o las pelotas estáticas del mítico Puzzle Bubble se pusieran violentas y contraatacasen durante la partida. Aquí mola todo mucho más, cobrando un matiz de profundidad gracias al resto de mecánicas añadidas.

Anda, una bola que define lo que padecen mis oídos cada vez que escucho a Bad Bun— *Redactor despedido*
Pero, antes de cambiar de tercio, ahondemos en nuestras bolas (!): según el héroe elegido al arrancar la partida, empezaremos con un tipo de esfera preestablecida, a la cual siempre acompañan mini-bolitas o «bolas bebé» (dan ganas de acunarlas y cantarles una nana… Nah). La pelota principal puede ser de daño elemental (fuego, eléctrico, hielo, veneno, etc), tener una cadencia de disparo distinta, rebote especial, atravesar enemigos… Hay un montonazo. A nuestra bola inicial, se podrán añadir otras tres de mano según subamos de nivel (toquecito rolero que en breve explicaremos), así como hasta cuatro habilidades a modo de potenciadores, activos mientras dure la partida en curso.

«He mirado al abismo, y este me ha devolvido la mirada…» ¡Se dice devuelto! «Ostras, en el abismo había un académico de la RAE…»
La variedad de bolas y habilidades es brutal… Pero es que, además, se podrán fusionar y evolucionar entre ellas, para crear auténticos engendros de destrucción. La devastación, con tropecientas pelotas rebotando por la pantalla y golpeando a los bichos, puede venir de combinar bolas que chupan vida de los enemigos hasta obtener una poderosa bola «Drácula»; o esferas de energía que acaban transformadas en mini-detonaciones nucleares. El pique sano que os creará la necesidad de ir desvelando cada evolución, viendo los efectos que se desatan al acumularse, no está escrito… Bajona que, al morir o acabar con el último de los tres jefazos (uno por nivel en cada partida), se pierda todo y toque volver a empezar, ¿no? ¡NO!
LANZA, ARRASA, REPITE
Da igual que derrotemos al final boss o que caigamos contra las ingentes oleadas enemigas: la partida se habrá acabado. Como en la vida misma, todo llega a su fin… Pero la diversión en los rogue-like siempre continúa. Aquí, durante los intentos o «runs», vamos recogiendo gemas que dejan caer los enemigos. Así, nuestro héroe subirá de nivel, y aumentará diferentes atributos (vida, velocidad de movimiento o lanzamiento), de manera temporal… Pero también hay caminos para embrutecerse permanentemente.

Míralos ahí, qué monos, en formación de legión romana… Estos no leyeron suficiente Asterix y Obelix….
Según los desbloqueemos, cada uno de la docena larga de personajes, además de tener bolas iniciales distintas o características de lanzamiento diferenciadas (con bastante humor, además; hay un matrimonio amish que arroja muchos… ¿hijos procreados?) progresará indefinidamente de manera individual. A partidas más largas con X personaje, más rápido avanzaremos porque la mejoría será exponencial, por así decirlo. La gracia está en ir alternando, y obteniendo engranajes al superar al jefazo final de nivel con cada héroe, con los que mejorar un gigantesco ascensor. Así, podremos descender en el foso a una nueva fase, con distinta ambientación, desde el nexo principal. Y aquí va la guinda del pastel jugable que pocos esperarían…

Aquí plantaremos unos pinos, aquí sembraré remolacha, y en estos terrenos, levantaré una estatua, en honor a mis bolas
SIM-BALL CITY
Entre cada «run» va intercalada una sección de gestión «urbana» que poco tiene que envidiar a los grandes juegos de estrategia. Eso sí, desde una perspectiva desenfadada y accesible para cualquier jugón o jugona. En una cuadrícula, inicialmente chiquitísima, levantaremos edificaciones (cuyos planos adquiriremos jugando) y plantaremos o colocaremos recursos. Hay tres principales: trigo, madera y piedra, todos ellos intercambiables a la larga por oro (que dejan caer los enemigos en la otra parte del juego). En base a estos cuatro elementos, deberemos gestionar el terreno, aumentar zonas para la recolecta…

Pelotas. Bolas. Esferas. Balones… Da igual cuántos sinónimos busquemos, nuestra mente los enturbia todos
…Porque, una vez tenemos distribuida nuestra mini-ciudad junto al abismo, enviaremos a nuestros ciudadanos (los héroes que hallamos desbloqueado, tras construir su vivienda correspondiente) a recoger los frutos en el mapa. Apuntaremos y les «dispararemos» para que reboten en los edificios, bosques, campos o minas, reuniendo así los recursos en un breve tiempo -que también podremos aumentar al progresar-. Según terminen, ya podrán partir hacia el foso… Y, a la vuelta, continuarán la faena.
Tal vez os suene repetitivo, o penséis que lo de «gestión» no es vuestro rollo… Pero las dos partes jugables están mezcladas tan magistralmente, se complementan con tal ritmo y precisión, que la mixtura resultante es altamente adictiva. Acompaña, a modo de sombrillita en el cóctel, un apartado audiovisual que, aun contando con numerosos elementos 3D, se acoplan a la jugabilidad bidimensional a la perfección, con diseños pixel-art en altar resolución, y gusto exquisito (y algo cómico). Además, los efectos sonoros y la música encajan genialmente con la estética retro del conjunto.

Si intentamos españolizar -mal- el título… «Bolla por Pito». MEJORA.
Magia arcade con las comodidades de hoy
Como un «Ballpire Survivor» sin estética vania, o un «BALL-atro» sin cartas, este Ball X Pit se convierte desde ya en uno de los rogue-like indies más originales y adictivos de la historia, gracias a su original mezcla de mecánicas retro y gestión. Os harán falta más de 30 horas para desvelar el auténtico final y encontrar todos los secretos… Pero seguiréis jugando durante decenas más por lo fácil que es de dominar y engancharse. Además, se han lanzado varias actualizaciones de contenido, que van gratis en la versión consolera. Este título ya está disponible para comprar en físico para Nintendo Switch y PlayStation 5, tanto en la web de GAME como en cualquiera de sus tiendas; incluyendo un par de jugosos extras en forma de póster desplegable a doble cara y cartas coleccionables. Aviso, id buscando ayuda para esta adicción…

Jamás pensé que se fabricarían cartas coleccionables sobre mis bolas. Salen favorecidas y todo








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