Voy a parafrasear a cierto personaje jugable rubiales, de peliagudos ropajes y muy risueño él (menuda risa contagiosa tenía…), que arrancó su aventura hace más de dos décadas, diciendo: “Escuchad mi historia…”. Pues ahora, yo mismo (y mi mecanismo), en plan intimista y abriéndoos mi coraçao, os voy a pedir que, en este caso, leáis la que me corresponde a mí narraros. La historia sobre un joven (*Nota del editor: JÁ) de provincias, que tuvo la oportunidad de acudir a la fascinante capital, donde gozó de unas horas inolvidables en su primer gran evento videojueguil… o directamente os puedo contar lo flipante que fue la Retroworld que tuvo lugar en Madrid, y de paso enseñaros algunas imágenes de lo que allí aconteció. También podría optar por una versión fifty/fifty de ambas opciones, difícil decisión….

Juro que no entré al recinto gritando “MUUULTIPASE”. Si me quedé con las ganas, ya me lo guardo para mis fueros internos…
Dicen que es importante conocer el pasado para comprender el presente e imaginar el futuro. Aplicándolo a la industria del videojuego, no puede haber nada mejor que empaparse de los inicios del mundillo y sorprenderse con lo que disfrutábamos hace lustros, recorrer el camino de la evolución digital para entender a dónde hemos llegado, y soñar con lo que aún nos falta por ver. Todo lo anterior, y mucho más, fue lo que se pudo experimentar en el Pabellón de Convenciones de la Casa de Campo. Un lugar donde, los días 17 y 18 de junio, cientos y cientos de personas rememoramos felices recuerdos de juventud, redescubrimos productos tiempo atrás olvidados (en mi caso, tema de la edad y tal), o nos maravillamos con lo nunca visto… Venga, pasemos al interior.

El lugar tenía la dimensión óptima para el público que albergó. Y es que el tamaño, por mucho que os digan, importa… para estos eventos, obvio.
Como entrar en la Fábrica de Chocolate de Charlie, pero sin riesgo de diabetes
El acceso al recinto estaba custodiado por imponentes figuras tamaño XXL, dedicadas a míticos personajes de distintas franquicias, dirigidas a varios rangos de edades: desde cierto erizo azul adorado por niños y mayores, pasando a los protas de Assassin’s Creed, con los que aprendemos historia de la humanidad, y llegando al violento Kratos de God of War, que nos enseña a… trinchar carne. He aquí un símil para destacar un punto primordial de la feria y es que, al igual que hay sagas de videojuegos para cada público, RetroWorld fue el punto de reunión perfecto para todos ellos. Al entrar me encontré con grupos de adolescentes, gente que peinaba unas cuantas canas más que yo, y peques acompañando a sus progenitores. Y lo más importante, todos mostraban la misma ilusión y cara de estar pasándolo pipa. Solo faltaban los bastones gigantes de caramelo (aunque se agradecía la ausencia de Oompa-Loompas).

Ver a Kratos es como mirarme a un espejo: músculos, tupida barba e incipiente calvicie. 2 de estas 3 afirmaciones son falsas, claro.
Pocos pasos me había adentrado en el lugar, cuando temí ser llevado ante el emperador al decirles a un grupo de Stormtroopers “Estos no son los androides que buscáis”. Por fortuna, la peña bajo el casco era más maja que un clon de Jango y me devolvió la vacilada con una brillante broma (que no replicaré aquí para no mermar mi honor) y unas risas. Los amantes de la saga galáctica no solo flipamos con los soldados de asalto que por allí pululaban, ya que también pudimos observar espectaculares duelos de espada láser en vivo (y sin posibilidad de muerte), genialmente recreados y coreografiados. Incluso si eras tan valiente como un caballero Jedi, te podías unir a una pequeña demostración donde practicar los movimientos. Yo soy más tirando a Gungan que otra cosa, así que simplemente me quedé de espectador. Y aluciné, porque la fuerza era intensa en todas aquellas intrépidas personillas.

Armas nobles, para tiempos más civilizados… aunque también las usaban en el ImperioCor para ponerte cuarto y mitad de chopped.
“YOU GOT THE TOUCH, YOU GOT THE POWER!”
Me pongo muy ochenter, usando el anterior himno robótico (si aún lloráis recordando la muerte de Optimus, no estáis solos) para expresar que en RetroWorld también tuvimos el toque y el poder… o más bien, el poder de tocar. Porque al alcance de nuestras manos estaban un sinfín de dispositivos donde viciar a coste cero. En un área, por ejemplo, podíamos jugar a viejas consolas y micro-ordenadores con clásicos o incluso nuevos retro-lanzamientos. En otra zona, un buen puñado de pinballs “vintage” aguardaban a que los dedos más precisos grabasen sus nombres en las tablas de récords. Si ya no queda ninguna máquina de petacos (o del millón, o Flipper, o… será por nombres, corcho) en vuestra ciudad, y añoráis hacer rebotar la bolita de metal una y otra vez, este evento os lo pone fácil. Sin el particular olor a tasca y los humos que solían ir de la mano antiguamente de todo pinball que se preciase, claro.

En su época, el cariño con el azotábamos los Pinballs sería como el “rageo” de ahora, tan de moda entre la chavalada…
Ya que sacamos el tema de los ambientes cargadillos, cómo olvidar los salones arcade. RetroWorld nos permitió replicar la experiencia que teníamos en ellos de forma más saludable, 100% libre de chicles pegados, y sin tener que invertir tropecientas monedas de cinco duros. A nuestra disposición, decenas de recreativas con juegos que abarcaban décadas de la industria, casi desde sus orígenes hasta su ya lejano ocaso. Pudimos echarnos unas sangrientas rondas al Mortal Kombat, unas partidas cooperativas al Captain Commando, o unas carreras locas para llevar a nuestro cliente a su destino con el Crazy Taxi. Los piñazos con el Tekken, el transporte pesado de mercancías del Eighteen Wheeler o las raquetas de Virtua Tennis no faltaron tampoco a la cita.

“CAMIONERO, CAMIOOMEEEERO”. El 18 Wheeler protagonizaba una mítica canción en Los Simps— Wait, igual era con Ñ. Y menos ruedas…
Los recreativos casi se han perdido en el tiempo, como lágrimas en la lluvia (Roy Batty 4EVA), en parte por la comodidad que trajeron las videoconsolas; el avance tecnológico de estas los fue dejando obsoletos. Mas hay productos que son muy difíciles de replicar en formato doméstico, como los grandes muebles de antaño con juegos de pistola de luz o de géneros musicales. Si lo de pegar tiros a la pantalla es lo tuyo, en el pabellón tenías a tu alcance los gatillos del Lethal Enforcers, Time Crisis o The House of the Dead. Si, en cambio, llevas el ritmo en el cuerpo, ahí estaba la opción de darlo todo con Bemani, Reflect Beat y alguna máquina más donde mostrar que no hay pista de baile que se te pueda resistir. Es de recibo remarcar, que todas estas cabinas, siguen vivitas y coleando (y presentes en el evento) gracias al trabajazo de varias asociaciones dedicadas a su recuperación y conservación. Héroes sin capa.

“¿Os gustan las pistolitas?” La respuesta al brazo menos avispado de la ley es, que si son de plástico, por supuestísimo.
No solo de jugar vive el gamer…
En el pabellón, el ocio electrónico en todas sus facetas era el protagonista, pero el inmenso mundillo cultural que lo rodea estaba presente en otras formas que no requerían agarrar un mando o palanca. Diferentes exposiciones nos dejaron anonadados, como la del Museo Dinamic, con las portadas originales de sus primeros juegos, o las magníficas ilustraciones realizadas por Luis Royo o el eterno Alfonso Azpiri durante la llamada “Edad de oro del software español”. Avanzando, tras las preciosas cubiertas y dibujos, nos topamos con una extensa muestra de detalladísimos bustos y figuras. DarkStalkers, Ghouls ‘n Ghost, Horizon o Kirby iban de la mano de otras licencias del ámbito “geek” como Star Wars (sí, de nuevo mento la saga. Que se note que soy Trekkie, cof), Superman, o el Joker.

Si a la armadura de Sir Arthur le pintamos unos detalles en rojo, sería como el precursor de Iron Man, ¿no? O, si me apuráis, el Capitán Españit—
Los disparos directos al corazón retro-friki venían en forma de varias balas (metafóricas). Una de ellas fue la asombrosa colección de aventuras legendarias noventeras, presentadas en sus mastodónticas ediciones en “caja grande”. No voy a ocultar que los ojillos se me humedecieron al observar los empaquetados originales de Monkey Island, King’s Quest, Indiana Jones, o esa obra maestra oculta que fue el Cruise for a Corpse; todos ellos con sus chorrocientos disquetes de tres y medio y sus correspondientes sistemas anti-copia (imaginativos a más no poder). Otro tiro a la patata tuvo forma de vitrinas con vetustas máquinas. Aquí se pudieron observar desde dispositivos comunes antaño en nuestros hogares, como la NES, la MegaDrive o la TurboGrafx (algún afortunado la tendría, fijo), a auténticas rarezas, algunas de ellas inéditas en nuestro mercado como la Channel F, la WonderMega (que suena a superhéroe, pero es un híbrido “seguero”) o el Famicom Disk System.

Famicoms fusionados; ilustres miembros de los Decepticoms, junto a los Constructicoms y los Segacoms.
Aún hubo sitio para más impactos nostálgicos. En medio del recinto, se encontraba uno de los vehículos más míticos de la historia del cine, para ser observado y disfrutado a conciencia: un DeLorean como el usado en “Regreso al futuro”. Pocos coches podían ser más apropiados para una convención como esta… aunque el mítico KITT conducido por Michael Knight (The Hoff rulz) o una recreación del ECTO de los Cazafantasmas, situados en la terraza, encajaban también a la perfección. A título personal, el tiro de gracia a mi bomba sanguínea me lo llevé con un par de vitrinas dedicadas al Spectrum de Sinclair. El computador de 8 bits estaba representado con un modelo del ZX, revistas de la época, documentos de diseño y varios de sus casetes, perfectamente conservados. El niño de cinco añitos que aún hay en mí (y que, por edad mental, ahí seguirá), aún se intenta recuperar de la emoción.

Si buscáis como locos cintas, creo que aún quedan en la gasolinera de mi pueblo. Conste, en vez de juegos de 8bits, traen musicote moderno de Camella y El Faro…
Una industria requiere productos… pero la mantienen viva sus maravillosas personas
Había más, muchísimo más, que hacer en la RetroWorld. Partiendo de una amplia oferta de conferencias opcionales a las que asistir; mayoritariamente, se trataron temas del desarrollo patrio a lo largo de las décadas (desde “La Pulga” del 83 al Blasphemous de hace “dos días”), pero también tuvieron cabida la educación en los videojuegos, los E-Sports o la consola Evercade EXP (que a nosotros nos fascinó, como podéis leer aquí). Varios puntos de restauración para hidratarse y alimentarse (con las clásicas pociones de salud y maná… digooo café, comida y demás) se hallaban repartidos por el recinto, y en cualquiera de ellos, al cruzarte con gente desconocida, podía surgir de repente una distendida conversación sobre temas en común. O más sorprendente aún, encontrarte con alguna personalidad muy top de la industria (pero que MUY TOP… y si estáis leyendo esto, es que esa charla NO me fue tan horriblemente mal) que cordialmente te atendía y te dedicaba su tiempo.

Que no hacen falta trucos mentales ni estrujamientos con la fuerza, Lord Vader. Aquí la gente le tratará de fábula y con respetOARRRGGGG…
La gente de este mundillo es amable, pero también comprometida, de ahí la presencia de acciones solidarias en la RetroWorld. Otras actividades que completaban la oferta en el recinto eran los diversos puestos de venta. Productos retro y merchandising de toda índole, desde accesorios y juegos descatalogados, a joyas, cuadros y decoraciones de licencias frikis. Mención especial a las tiendas con libros dedicados a los videojuegos y todo lo que les rodea: filosofía, arte, historia; dos formas de cultura que se fusionan en una danza mágica de tinta y píxeles. Uis, y si primero menciono lo de toparse con gente influyente en la industria del ocio digital… ¿ESE DE AHÍ NO ES EL MISMÍSIMO BRUNO “NÉMESIS” SOL? Uf, hay que mantener la compostura, ante todo y ya, si eso, asaltarle y pedirle si nos puede atender para GAMEPlus Blog… Spoiler: aparte de ser encantador, dijo que sí.
Mini-entrevista improvisada con Bruno Sol
Empecemos con las presentaciones, aunque no son casi necesarias. Don Bruno Sol, personaje mítico de los videojuegos en España; cuéntanos un poco quién eres, cuánto llevas en esto…
– Hola. Pues nada, llevo en esto la tira de años, desde el 92, 31 años que empecé a colaborar en Hobby, y luego Grupo Zeta, la revista Oficial de Playstation, y desde hace 10 años soy “Freelancista”. Ahora, por ejemplo, sigo haciendo cosas con Hobby, trabajo en GamePress de editor, traductor y demás…

Esta es chunga. Llamaremos al foto-reto (que no “retro”): ¿Dónde está Bruno? Sep, lo de Wally ya está muy visto, oiga.
Tenemos entendido que tienes una historia con Centro Mail y GAME de muchos años, ¿puedes contarnos alguna cosilla por encima?
– Yo iba al Centro Mail de Montera, y allí les compraba los juegos de Amstrad CPC… te estoy hablando del año 85 u 86. Me los vendía Pablo Crespo, y luego Pablo, cuando llegó la MegaDrive, me alquilaba los juegos de la máquina; de hecho, un porcentaje muy alto de los juegos de la consola los compraba allí. Iba a la tienda de Atocha a comprar ofertas en el sótano que tenían, juegos de MSX, de todo, hace ya cuarenta años… ¡Soy el socio 4, ahí tengo mi tarjeta con el 0004!
Han sido muchos años desde tus inicios en HobbyConsolas. ¿Cómo ves ahora el mundillo de los videojuegos, cómo ha avanzado la prensa, y dada tu posición en GamePress, qué tal ves el futuro?
– El futuro bastante negro, en prensa y en muchos medios. Estuve trabajando en Hobby cerca de un año, del 92 al 93, luego volví de colaborador a partir del 2013 y ahí sigo colaborando con ellos. Es distinto, se hacen cosas sueltas y encargos, llevo la sección de retro, hago el bazar, donde mostramos muchos productos disponibles en GAME… cosas muy chulas, como las consolas Evercade, la Super Retro-Cade o la Flashback, que es una maravilla. Como decía, el futuro es bastante negro, uno coge lo que puede… ahora con GamePress, aparte de traducir libros, también me encargo de algunos capítulos extra, o actualizando libros que pillamos del extranjero, y bueno, se tira.

Librazos con cositas de Bruno. Y se me quedaron sin firmar en casa. Leñe.
Nos despedimos aquí de Bruno. No queríamos robarle más de su valioso tiempo (estaba a tope en el stand de la editorial), y a nosotros aún nos quedaba conocer a alguien importantísimo relacionado con la RetroWorld y con los medios del país, estando por ello pelín nerviosos y tensos (luego quedó clarinete que no había motivo, pero hay que crear expectación y tal). Todo sea por informar y contaros los datos necesarios e imprescindibles de este extraordinario evento, incluida su concepción. ¿Estáis intrigados? Pues ya lo decían en la peli de Marty McFly:
TO BE CONTINUED…









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