En Julio de 1969, el hombre llega a la luna. Sobre esas fechas (meses arriba, semanas abajo, según lo tiquismiquis que uno se ponga), el Heavy Metal llega a la humanidad. El pináculo de nuestra existencia había sido alcanzado, el círculo se había cerrado. Acabábamos de rebasar el cielo, rozando las estrellas con las manos (o tocando el satélite con los pies, sin fliparse), mientras a la par, abríamos un boquete al mismísimo averno, mediante acordes y melodías demoníacas, de donde saldrían los seres más peligrosos y mezquinos. La música del infierno, esa que debería estar prohibida (algo de esto ya sabían Elvis, Los Beatles, etc…) comenzaba a sonar y…. Bueh, como no soy TAN viejo, no viví en persona aquella época, pero fijo que el Rock más duro pegó bien fuerte en todos los estratos y estamentos sociales, creando iconos, símbolos y algún tabú que han perdurado. ¿Metal= Chungo y/o satánico?

Vamos a aprovechar los pantallazos para mencionar las mejores canciones cañeras de la historia, en vez de las típicas bromitas, va.
Nah, comparaciones y exageraciones fuera, el Heavy es simple y llanamente música, sin peligro alguno. Engloba en sí distintos subgéneros, infinidad de grupos y, a lo largo de medio siglo, ha forjado mitos y leyendas. Incluso ha fomentado un estilo de vida que, a base de tópicos, no se ha alejado tanto de aquella visión sombría y tenebrosa que algunos le atribuían, de forma saludable, claro. Eso sí, en el ocio electrónico, en contadísimas ocasiones hemos podido gozar de la perfecta mezcla entre ambientación heavy y videojuegos. Afortunadamente, aquí están Selecta Play y Zerouno Games para remediarlo con Metal Tales: Overkill. Enfundaros vuestra mejor chupa de cuero/polipiel, abrid a tope los pabellones auditivos, y acompañadnos en esta gira de pura diversión.
El mago de «Ozz» tiene apetito para la destrucción
La historia de este cuento metalero arranca en formato de cómic audiovisual. La portentosa voz (brutal doblaje al castellano) de nuestro/a prota, narra los acontecimientos sobre estilosas viñetas. Grandes músicos y estrellas, los auténticos dioses de la guitarra, empezaron a infectarse y transformarse en algo perverso por culpa de una entidad (pista: NO fue el auto tune). Condenados a tocar eternamente, propagando el mal que los hizo cambiar. Consumían la pasión de los metaleros que asistían a sus actuaciones, dejándolos sin voluntad, vacíos. Nuestro mentor y maestro, el grupo del que éramos miembros, todos nuestros hermanos y hermanas, nos fueron arrebatados. Ya no queda ninguna salida, hay que salvarlos… o morir intentándolo. Toma «epicidad».

«Iron Man» (1970), Black Sabbath.
Un argumento, como podéis apreciar, sencillo, sin artificios o rebuscados giros de guion, directo. Como en muchos grandes temazos, una pequeña intro es suficiente para que todo empiece a rugir y temblar intensamente. Aquí, aparte de la pequeña cinemática, solo nos separa de la acción la pantalla de selección de personaje. Inicialmente, disponemos de Axel (me suena de algo… sobre Gansos y Rosas, eso) y Eve, con otro par de avatares para desbloquear posteriormente. Cada héroe goza de distintas estadísticas para vida, velocidad, cadencia y daño. Espera, si encarnamos a meros músicos aficionados, ¿con qué vamos a combatir? Toca descubrir que la cuerda es más poderosa que la pluma (que, a su vez, es más fuerte que la espada, jaque mate).
Rogue (you) like a hurricane
Dejemos al telonero argumental atrás y pasemos al cabeza del cartel explicativo: cómo se juega a Metal Tales. Estamos ante un título «Rogue-Like/Lite Twin Stick Shooter»… nope, esto no es el título cañero (y pelín largo) de un temazo en inglés, si no la mezcla perfectamente equilibrada de géneros que presenta el juego. Empezamos por la clásica «muerte permanente», la cual supone que, si perdemos toda la salud (en forma de púas guitarreras), se acabará la partida o «run». Al siguiente intento de recorrido, todo resultará familiar, pero muy distinto a la vez… cosa de las mazmorras autogeneradas, con sus construcciones aleatorias, otro clasicazo (como el «Paranoid» de Black Sabbath»).

«Breaking the Law» (1980), Judas Priest.
En este juego, donde la muerte es solo el principio, tendremos un incentivo para aguantar vivos lo máximo posible, en forma de misiones. Distintos objetivos marcados que, tras ser cumplidos, nos obsequiarán con «Metalium». Esta forma de pago permitirá comprar mejoras que durarán para siempre, pudiendo activarlas en cada reintento. Se podrá invertir en púas adicionales, escudos, velocidad de movimiento aumentada, nuevas y molonas guitarras… un sinfín de opciones con las que aguantar, unos minutos más, la siguiente vez. Esto va de arrasar, con acción directa, y casi sin frenos.
El Tour de Aniquilación Mundial (fechas aún sin anunciar) vendrá de la mano de un control muy fluido e intuitivo. Nos desplazaremos por los escenarios con la seta analógica izquierda, usaremos la derecha para apuntar/disparar con nuestra guitarra lanza-rayos, botones de los hombros y gatillos para esquivar, soltar bombas-amplificadores (no son TNT, eso es tema de AC/DC. Juas) o usar objetos. Nos quedaría la cruceta digital, la cual permitirá, según avancemos, lanzar poderosas invocaciones de ídolos instrumentales: vocalista, bajista, teclista… la percusión ya sonará de inicio con los crujidos y amputaciones que provoca nuestro mástil.

«Enter Sandman» (1991), Metallica.
Corre hacia las colinas, corre por tu vida, o llegará tu sepultura
Jamás una frase/eslogan mezcló de forma tan inconexa la traducción de una canción y un grupo, mas para hacer las cosas tremendamente bien, ya tenemos este juego. Su ya comentado preciso manejo, va de fábula con el frenético ritmo al que nos movemos de sala en sala, evitando numerosos ataques y proyectiles rivales, para no estirar la pata demasiado pronto. Los mapas de cada nivel se componen de habitaciones independientes, en las que no solo de fulminar a todos los bichos presentes dependerá nuestro avance. Nos toparemos con secciones específicas de desafío, trampas, tiendas (las camisetas con «Yo salvé a la humanidad» no están a la venta) o premios. Y ojo, la balanza de sacrificio/ganancia puede ser muy puñetera al decantarse de vuestro lado…
Los niveles poseen ambientaciones y temáticas variadas. Mediante un punto de vista aéreo (cámara fija), pasaremos por un backstage con sus camerinos, un clásico bareto heavy, festivales de acampada al aire libre y, más tarde, a zonas fantásticas rollo inframundo. Tanto fondos, como enemigos y aberraciones, están representados mediante una carga justa de polígonos, bien definidos y coloridos (lo del «todo de negro y oscuro» está pasado de moda). Y al final de cada fase, nos aguardará un temible jefazo diferente. Sus flipantes diseños, inspirados en ilustres figuras musicales, resultan ser un respetuoso y letal homenaje, en forma de cíborg, dragón o vikingo, por citar algunos.

«You Give Love a Bad Name» (1986), Bon Jovi.
Como humo en el agua, como un arcoíris en la oscuridad
Desconocer buena música metal actual no hay cuerno de hidromiel mágica que lo cure. Sep, los arriba citados temas de Deep Purple o Dio son piezas atemporales, pero están muy trillados y escuchados. Igual descubrir nuevos grupos y canciones cunde… pues atentos a la banda sonora de este juego. Distintos estilos, que cubren el trash, el progressive, o el sinfónico, conforman una «soundtrack» deliciosa para los paladares más exquisitos. Striker, Genus Ordinis Dei, Sifting o Hyperion son solo unas pocas de las bandas internacionales cuyos éxitos sonarán durante vuestras partidas. Además, tendremos un menú dedicado a cada una de ellas, con distintos datos y anécdotas.
Ahora ya sé KungF—digooo sobre metal moderno.

«Baby One More Time» (1997), Britney Spears.
Si todo lo anterior no os parece suficientemente heavy, ¿sabéis qué más puede aportar este título? Pues la oportunidad de marcaros un dueto letal en el sofá, gracias al modo cooperativo. Podremos arrancar la partida a dobles y colaborar machacando bestias, a la par que nos picamos por pillar los mejores power-ups o desbloqueamos secretos del mapa. Ah, y si vuestra compañía es algo ochenter y/o melómana, os echaréis unas buenas risas con la cantidad de referencias y chascarrillos que salpicarán vuestro recorrido, mientras os marcáis unos headbangings de manual. Si, por el contrario, no sabe ni lo que es un Walk-man, ya os tocará explicárselo sobre la marcha…
Si queréis rockear, esta será vuestra «cuidad-juego del paraiso»
No es que en la industria del ocio electrónico se hayan realizado numerosos homenajes jugables a un movimiento musical (o «way of life»), pero no recordamos ninguno que lo haya hecho con tanto mimo como este Metal Tales: Overkill. Además, se trata de un título producido al cien por cien dentro de nuestras fronteras, y originario de tierras asturianas (como la mejor fabada o el más contundente cachopo). Si tenéis ganas de acción cañera, aderezada con música brutal y rompedora, podéis pillar este título en la web de GAME o en cualquiera de sus tiendas (habrá menos peña que un festival al aire libre, tranquis) para PlayStation 4. Aquí, nos toca echar otra partidita desestresante, ataviados con pulseras de pinchos y unos guantes molones con tachuelas. Conjuntan de lujo con nuestras camisetas de unicornios.

«Larger than Life» (1999), Backstreet Boys.








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